Dicen que hay personas que se encargan de ver los partidos de fútbol en las categorías inferiores de los clubes para descubrir a los jugadores que tienen un talento especial, y entonces contratarlos tempranamente porque ven en ellos una condición que los destaca, un futuro.

Salvando las distancias, en este camino de vinotequero, en el que trato de especializarme en jóvenes y pequeños proyectos, uno también va adquiriendo esa habilidad para después de un encuentro, charla o degustación, entender hacia donde está eligiendo ir cada productor que uno tiene en frente.

Pero, a diferencia del fútbol donde además de actitud debe haber una cuota natural de habilidad en el joven jugador, creo que en el vino a este último atributo prefiero reemplazarlo por la palabra sensibilidad, o ambición por entender, por profundizar.

Cada vez que menciono la palabra sensibilidad, saben que no me refiero al momento de catar, sino a esa capacidad para poder sentir o entender con claridad hacia donde se pretende ir. Estar convencido de tal o cual búsqueda, no dejarse llevar por “modas” pero si por lo que uno siente y, sobre todo, por lo que lo hace feliz.

No hace tanto que conozco a Pablo Marino, en realidad nos habíamos cruzado hace algunos años cuando se estaba armando Casa Petrini y Pablo acompañaba en esa tarea a Ariel Angelini, pero nada sabía yo en aquel momento de su carrera.

Hasta que no hace más de tres años, cuando tuve oportunidad de probar sus primeras elaboraciones, estas me motivaron para conocerlo más, invitarlo a la cueva y precisamente confirmar cuánto esas charlas tenían que ver con los vinos que íbamos degustando, reconocer aquella sensibilidad o sana ambición que les mencionaba.

Ahí es el momento en que uno percibe que todo se condice. Creo que esa es la palabra exacta.

Uno logra sentirse como aquel buscador de promesas futbolísticas, pero en este caso no fue una gambeta que lo enamoró, sino esa capacidad para intentar interpretar un terroir y de la manera más franca; y digo intentar porque apenas es su comienzo y nada se construye con apenas unas vendimias, eso ya lo sabemos todos.

Fue Oid Mortal Malbec aquel primer vino que me abrió la puerta a probar otro proyecto donde también participa Pablo que se llama “Somos Berracos”. Empecé a seguir más de cerca su carrera que, en la actualidad, se distribuye entre los dos que mencioné, su bodega familiar que se llama “Anchayuyo” y la bodega en donde se desarrolla como su primer enólogo que es “SoloContigo Wines”, esta última ubicada en pleno corazón de Los Chacayes, dentro de “The Vines”.

Si bien podría hablar sobre la actualidad de los vinos de cada una de esas marcas, no quiero dejar de repasar la carrera de Pablo, que pese a su juventud, desde pequeño siempre estuvo muy relacionado al mundo de las bodegas y de la finca a través de su familia.

Su padre es enólogo, los abuelos paternos han sido encargados de fincas en la “Zona Este” cuando él era pequeño, aunque más tarde se mudaron a Valle de Uco, más precisamente a Tupungato. De esa misma zona son sus abuelos maternos, quienes también en alguna época habían tenido viñedos, es decir, sus raíces son innegables desde ambas partes.

Y el hecho de conocer las bodegas desde chico, cuando acompañaba a su padre, siempre lo tuvo viviendo con la intriga de conocer con más detalle todo lo que acompañaba aquella transformación del mosto en vino; y fue por ello que cuando terminó el secundario, donde estaba entre estudiar enología o música, decidió empezar por la primera para entender más a fondo de qué se trataba. Continuó con la música pero más como un hobbie.

Después de tomar la decisión en el 2005 comienza la carrera en la UTN, hace la técnicatura, y sus primeras pasantías en el año 2008 las realiza junto a su padre en la bodega Estancia Mendoza en Tupungato.

Aquella primera vendimia la recuerda por haber sido intensa, pesada, aunque a pesar de ello lo incentivó a seguir estudiando. Continuó con la licenciatura, a la par que en el 2009 ingresaba a la bodega Jean Bousquet, de donde conserva muy lindos recuerdos – “la bodega era nueva, eramos pocos y aprendí mucho, siempre trabajando con libertad, ideal para curtirnos y poder aplicar toda esa teoría que habíamos visto en la facultad”.

En el 2010, mientras rendía las últimas materias y le daba una mano a su viejo, logró viajar a Napa Valley para trabajar en una bodega a la que había enviado su CV.

Aquella vendimia en Napa le abrió mucho la cabeza, recuerda, ya que a pesar de haberlo tenido tanto tiempo fuera de su casa, lejos de su familia y amigos, el estar cuatro meses abocado 100%, junto a varios profesionales, a la elaboración, siguiendo de cerca centenares de micro vinificaciones con diferentes protocolos, todo en una bodega que elaboraba para terceros, lo hizo enamorar aún más del vino.

Haber elaborado cantidad, pero a volúmenes tan pequeños, le despertó la idea que ni bien regresara a la Argentina podría encarar su primera pequeña vendimia, y así se concreta en el 2011, junto a su compañera Amparo March y en el garage de la casa de su padre.

Durante el día vendimiaban para su nuevo emprendimiento, mientras que a la noche trabajaban en la bodega Masi Tupungato.

Destaca que allí conoció otras tecnologías, empezó a entender de qué se trataba lo orgánico y conocer variedades no tradicionales como rondinella, corvina o ancellota.

A la par de esos trabajos, ahí por el 2012, nacía Anchayuyo, vendimia en casa, pero con algo más de producción; mientras comenzaba con el armado de los viñedos en Casa Petrini.

En paralelo a su desempeño en Petrini, continuaba creciendo Anchayuyo, no solamente llegando a las 25000 botellas y con la necesidad de vinificar en una bodega de terceros, sino también en cantidad de etiquetas, cinco en aquel momento.

Junto a una pareja de amigos en el 2016 nace “Somos Berracos” y en el 2017 “Oid Mortal”, solamente junto a Amparo. Para diciembre del 2017 se desvincula de Casa Petrini.

Es a fines de la vendimia 2018 que se suma al equipo de trabajo SoloContigo, en esa época asesorada por Juampi Michelini.

Conozco esa bella bodega de Los Chacayes desde sus comienzos, pero es en estos últimos años, gracias a la llegada de un nuevo equipo técnico, sus vinos me empiezan a cautivar cada día más.

Luego volveré sobre SoloContigo y algunos vinos. Comenzaré contando un poco sobre cada uno de sus proyectos personales y qué identifica a cada uno de ellos.

El primero que mencionamos fue Anchachuyo, varietales que muestran identidad del lugar, sobre todo de zonas de Tupungato y de las que no se hablan mucho, como La Arboleda, Villa Bastías, El Zampal o Cordon del Plata; resumiendo, viñedos antiguos, de Tupungato en general y de baja producción.

El Anchayuyo Cabernet Sauvignon 2019 me parece un imbatible de relación precio/calidad, expresivo, de entrada amigable, sabroso y en un segmento de precio súper amigo, hoy apenas llegando a los $400 la botella, recomendable para aquellas personas que no se le animan al cabernet porque dicen que es “muy fuerte”.

Mostrar únicamente un viñedo, de eso se trata “Somos Berracos”, además de Amparo es el proyecto que comparte junto a Martin Gabrieli y Liza Videla, y es elaborado con la fruta que proviene de una finca centenaria en Villa Bastías; viñedo bajo, con muy poca producción y variedades como malbec, bonarda, sangiovese y semillón.

Y si bien hay un blend que combina todas las tintas plantadas, es el blanco el que siempre me gustó destacar; una vino más de boca, directo, sutil, seco, fresco; haber sido fermentado con pieles y criado con finas borras durante seis meses le aportó cierto volumen en boca, y sus aromas se comparten entre algo meloso, suave frutal y el típico mineral; estará llegando en breve a las vinotecas el Somos Berracos Semillón 2019, a estar atentos.

Oid Mortal es básicamente con uva proveniente de El Peral, y como les comentaba al principio el que comparte junto a su compañera Ampi, así la llama él, desde que se conocieron cuando eran adolescentes, y se pusieron de novios en el 2006; a pesar de la diferencia de edad entre ambos, porque Pablo es tres años mayor, cursaron la misma carrera, se casaron hace 5 años, y tienen una niña que se llama Nina.

Si bien hay varios varietales y buenos como un pinot noir y un merlot en la línea, y que suelen tener mucha aceptación entre quienes lo prueben, en lo personal me encanta lo que logra con el malbec; esa sensación de jugosidad, frescura, pureza, es ahí cuando meto el termino “vino desnudo”, que algunos suelen criticar y para mi es uno de los más bellos atributos.

Pablo considera que forman un buen equipo; él algo más volador, soñador, y ella quien le ayuda a que esos sueños se vayan concretando, y encargándose más de la parte administrativa; obviamente a la hora de armar cortes y tomar decisiones sobre los vinos, siempre lo hacen juntos; dos o tres veces por semana suelen probar sus elaboraciones, y si bien comparten bastante el gusto del vino, considera que tienen diferentes puntos de vista al momento de tomar una decisión y buscarle el punto final.

También valorizan viñedos viejos, que si bien en su mayoría son de El Peral, no quita que pueda haber algo de Gualtallary o San José, dos regiones que también los entusiasman mucho; si bien hasta ahora Oid Mortal nos mostró siempre vinos jóvenes me adelanta que están trabajando en líneas de alta gama.

Quizás alguno ya había tenido oportunidad de conocer los proyectos de Pablo que mencionamos a través del grupo de “Los Productores Amigos” donde él es miembro desde su comienzo. Me destaca Pablo lo mucho que les aportó el grupo porque les ayudó, a través de ferias o diversos eventos, a llegar a nuevo público, cosa que de intentar hacerlo solos les hubiera sido casi imposible.

Además destaca la buena camaradería que se vive entre todos los pequeños productores que lo integran, y que el hecho de estar en constante contacto, pudiendo mostrar sus elaboraciones y compartiendo opiniones, es mucho lo que les aporta para seguir mejorando y creciendo.

Vuelvo a las bodegas. La cuarta sería SoloContigo, el único proyecto fuera de Tupungato, porque es 100% finca propia de Los Chacayes.

Además de trabajar en la búsqueda del malbec más puro de la región, así me dice Pablo, la bodega cuenta con algunas variedades mediterráneas plantadas que están dando muy buenos resultados.

Todo lo nuevo que tuve oportunidad de probar me resultó genial; de tener que destacar uno, hoy les recomiendo el Develado Syrah-Garnacha 2019, esta línea que se la reconoce por co-fermentar en tanque de acero; en este caso al ser dos variedades con diferentes puntos de madurez, colaboran a que el vino tengo algo más de profundidad y complejidad en boca; el racimo entero durante la fermentación, a los especiados de la variedad le suma un toque herbáceo, pero todo sutil, moderado, integrado; este corte se lo puedo recomendar a un abanico grande de consumidores y a pesar de ser variedades no tradicionales, igualmente les caerá muy cómodo.

Hay una renovación importante en el portfolio de la bodega, en lo personal estaré atento a cada nueva etiqueta que vaya apareciendo.

Vuelvo a Pablo y Ampi, con una noticia creo que tan linda como cuando nació Nina porque están armando su propia bodeguita, que estará ubicada en El Peral, pensada exclusivamente para hacer micro vinificaciones, con una capacidad máxima de 20000 botellas.

Cada vez que escuché hablar a los chicos sobre Tupungato pude percibir que uno de sus sueños era poder embotellar de la manera más pura posible, cada uno de esos lugares que mencionábamos al principio, en algunos casos con antiguas fincas, y con mucha historia para rescatar; hablaban de viñedos de 50/60 años en El Zampal, o de 30/40 en El Peral y Cordón del Plata entre otros; para ello pensaron en una bodega con vasijas más pequeñas y no solo vinificar parcelas. Si lo amerita, es también tener la posibilidad de elaborar por separado pequeñas partes dentro de las mismas; para ello las vasijas proyectadas para la bodeguita se reparten entre 3/4 piletas de 2000/3000 litros, tanques de acero entre 500/2500 litros, y aproximadamente 10 barricas de 225 y 15 de 500l.

Y aquí vemos como van naciendo y afirmándose cada proyecto con una clara identidad propia; seguramente un cazador de talentos en el fútbol sienta que su trabajo es exitoso una vez concretados resultados, fama o buenos contratos.

Pero yo me siento mucho más afortunado que éstos buscadores de futuros cracks porque ya gané en el momento que empecé a caminar y a seguir bien de cerca cada una de las etiquetas de Pablo, aunque sea jugando para diferentes equipos, y el hecho de ver con claridad las jugadas que está haciendo y las que están por venir es lo que más me llena, y lo digo como ferviente hincha del vino, mucho antes que vinotequero.

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