“Vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo”, esas palabras me repitió en más de una oportunidad Germán Masera cada vez que intercambiamos audios de Whatsapp para consultarle sobre su proyecto personal Escala Humana Wines (EHW), el cual desde sus primeras etiquetas, bajo la marca Livverá, seguí siempre bastante de cerca.

Charlamos de sus comienzos, de algunos momentos que marcaron su carrera y, si bien sobre el final de esa charla podría haber adelantado que vendría en su futuro, no lo hizo.

Durante la conversación me dejó siempre esa sensación de sin prisa, pero sin pausa, como dice el dicho, y es muy coherente ello cuando reveo como fue creciendo su porfolio, sumando etiquetas paso a paso, y claramente no por la necesidad de tener completo un set de seis varietales para salir a vender, sino por encontrar vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo.

Tantos ida y vuelta que tuvimos en el chat me ayudaron a comprender la necesidad de aquella razón para Germán; viajar siempre por diversas regiones o lugares del mundo para conocer productores, es una herramienta que ayuda a mejorar, aprender – me aclara; y no solamente en los vinos, sino en la manera que se lo vive, se lo comunica; inspirarse con la experiencia de otros hacedores, compartir filosofías, búsquedas, descubrir la calidez humana y cuantos puntos en común hay; esa apertura que le da conocer gente alrededor del vino y poder pensar en hacer vinos para que gusten al mundo; y no conformarse nunca, siempre buscar.

Voy a esperar para la reseña de los vinos porque a pesar de ser muy joven, es grande la experiencia con la que cuenta Germán, y se las quiero compartir.

En el año 2004 comenzó a estudiar enología en la Universidad Maza, y a pesar que su carrera se extendió a casi 10 años, el doble de lo que marca el programa, producto de siempre necesitar trabajar mientras estudiaba, para él fue algo bueno ya que que pudo ir practicando, leasé haciendo vendimia, a medida que cursaba.

De hecho su primera cosecha fue en el 2004, en ese momento trabajando para Viña Cobos donde estuvo hasta el año 2008, y en donde la relación con Paul Hobbs le permitió hacer vendimia en Estados Unidos. En busca de seguir haciendo experiencia tuvo un paso corto por Terrazas – Chandon el cual le abrió una puerta importante cuando la Bodega Santa Carolina de Chile, comenzaba un nuevo proyecto en Argentina que se llamaría Finca El Origen, y allí sus responsabilidades al frente de otras áreas dentro de esa nueva bodega eran mayores. Lo esperaría un nuevo desafío, tanto en lo comercial como en de campo, y la posibilidad de trabajar junto a consultores chilenos también la consideró como un importante aporte para su profesión, ello fue entre el 2008 al 2012.

Hasta ahí Germán me detallaba todo lo que había aprendido en el plano profesional, y creo que son todos esos items indispensables para completar un buen curriculum; pero es en el año 2012 que se va al Valle de Rio Negro a trabajar junto a Hans Vinding-Diers en Bodega Noemia. Fue muy curioso como percibí que a través de sus audios le cambiaba el tono cuando tuvo que contarme sobre esa etapa de su vida en Patagonia. Les copio textual una parte de esa charla:

“Admiro la manera en que Hans entiende, siente y como vive el vino; pasar el tiempo con él fue entender y amar mucho más aún el vino; desde como trataba un racimo de uva, o una botella de vino ya abierta. Un ejemplo de ello, nunca ví que dejara una botella a medias y sin ponerle el corcho”.

Ese respeto, esa manera de vivirlo, evidentemente para Germán fue una experiencia que también lo marcó.

Hans nunca había tenido un enólogo trabajando con él, Germán fue el primero y a pesar de reconocer que les llevó un tiempo que la relación entre ellos se amoldara, hoy no deja de reconocerlo como un amigo que le regaló el vino y con quien más allá de aprender mucho, descubrió como vivirlo. Destacó además que gracias a Hans empezó a conocer más sobre vinos del mundo; sabemos lo mucho que al conocimiento ello aporta, y más aún imaginando ser guiado a través de la experiencia de alguien como Hans.

Una etapa por demás especial fue la del sur, ya que la vivió junto a Ayelen, su actual esposa, a quien conoce desde el 2008; pero el llevar ya un tiempo alejado de la montaña, de su querido Tupungato, coincide con que Rogelio Rabino deja su puesto en Finca Sophenia y nace la posibilidad que Germán lo reemplace. Corría el año 2014.

Y fue así como volver al origen -me dice- pero con un nuevo desafío, porque no sólo era para encargarse de la parte agrícola, sino también de la operativa; 120 hectáreas, más de un millón de botellas y de veinte y tantos mercados abiertos en el mundo, era la chance para entender el negocio desde otro ángulo.

Mientras vivía en una casa dentro del “Cuartel II de cabernet sauvignon” en Gualtallary, resalta la importancia de pasar mucho tiempo en el lugar donde uno hace el vino.

“Poder vivir a diario esos pequeños grandes cambios que en la naturaleza van pasando”

A pesar que estoy desgrabando un audio de whatsapp puedo percibir que esa última parte salió de un rincón especial de su corazón.

Y volver a su lugar seguramente fue la clave para que despertara la idea de su proyecto personal, algo así como que el momento te llega, se me ocurre el instante de inspiración para un compositor de música no es cualquiera, y cuando llega hay que aprovecharlo, no dejarlo pasar.

Ese momento coincide con la elaboración del primer Anti Synthesis en Finca Sophenia, una etiqueta rupturista estilísticamente dentro del amplio porfolio que tenia la bodega y, por lo visto, también importante esa creación para el nuevo desafío que estaría por comenzar.

Es a fines del 2016 cuando Matías Michelini(MM) se instala en su nuevo espacio, la Bodega del Mono en Tupungato, para continuar con Passionate Wine y otros proyectos que MM seguía, ahí lo tienta la idea de acompañarlo en esta nueva etapa para la familia Michelini. Momento ideal si los había para comenzar a darle forma a EHW; en pleno Tupungato, viviendo el vino a diario y más que nunca rodeado de familia.

Antes de empezar con los vinos, les comparto una pequeña parte de lo mucho y bueno que me contó sobre MM.

“Matías tiene esa intuición de ir siempre para adelante, es un gran formador de equipo, puede leer en las personas un poco su perspectiva, su proyección, su futuro, sus inquietudes y ahí trata de ayudar, de abastecer las necesidades que va leyendo. Así fue conmigo, desde el principio, cuando aún poco me conocía ya que apenas era el novio de su sobrina, y siempre me brindó todo su apoyo y confianza, conté con su ayuda moral y financiera desde el comienzo de mi proyecto”

Entre sus primeros vinos estuvieron el Livverá Malbec de Gualtallary y el naranjo de Malvasía, si bien uno de sus sueños originales para cuando tenga su proyecto personal era hacer el mejor malbec de Argentina, el hecho de ir descubriendo antiguas viñas lo hizo sentir que tenían mucho más que ver con el sentido del Valle de Uco, ello lo motivó cuando descubrió, aún trabajando en Sophenia, una finca de más de 90 años en El Zampal, con apenas 19 hileras de malvasía que había conservado su dueño por el hecho que había sido plantada por su bisabuelo. Señalo esto a diferencia que el malbec en la región es mucho más reciente.

Rescatar variedades viejas que vinieron de la mano de aquellos inmigrantes. El inicio de su proyecto siente que tiene que tener relación directa con el del Valle de Uco, la malvasía, el bequignol o la elección del sangiovese para su último rosado tienen mucho que ver con ello.

Si bien sigo de cerca los vinos de EHW desde sus comienzos, necesitaba para acompañar como corresponde a esta nota probar todos los que se encuentran a la venta actualmente, sumados a algunas añadas anteriores que conservaba.

Siguiendo la filosofía de “el vino nunca sólo ni a solas”, un grupo de cueveros me acompañó para probarlos, y de paso intercambiar opiniones.

Comenzamos con el Livverá Rosé 2019, primer añada de este rosado que ya es especial, en primer lugar porque es elaborado a partir de uva sangiovese – en nariz se muestra algo tímido, pero en boca es donde muestra todo su carácter; columna vertebral apoyada en una equilibrada acidez; sutil desde lo aromático, pero el primer sorbo alcanza para no pasar desapercibido, e invitar rápidamente al segundo; bajo alcohol, pero sin embargo linda estructura.

Proviene de un antiguo parral que queda en un lugar que se llama el Campo Vidal en Tupungato, muy cuidado por una familia, sin herbicidas con una agricultura prácticamente orgánica.

Musu el día que vi esa uva y la probé supe que era lo que buscaba – me dice. Contrariamente a la mayoría de los sangiovese muy poco color, además de muy buen perfume y acidez; sabía que iba a hacer el rosado que siempre soñé – remata

Cuando me describe su elaboración detalla: “muy simple, despalillo, medio día de maceración con las pieles en la prensa para sumar estructura, siempre con hielo seco para generar un ambiente bien reductivo y evitar la oxidación, prensa y fermentación del jugo sin desborrar en huevo de cemento; cuando termina la misma, enfriamos para que precipiten las borras, y algunos trasiegos, no mucho más”.

Continuamos la noche con el Livverá Bequignol, segundo año de este varietal de origen francés, no solamente poco difundido en Argentina sino también en el mundo, y que francamente no sabía que existía hasta que en el marco del #MrWinesTour

2017 lo probamos cuando visitamos la Bodega del Mono.

En esta oportunidad probamos la 2019, añada actual, con una carga colorante media, rápidamente se lo percibe un vino fresco, de buena fluidez, con particular paleta aromática que se mueve entre los especiados y algunos herbales, sumamente interesante.

Nada sabemos sobre esta variedad, pero gracias a pequeños productores como Germán la podemos empezar a conocer.

Considero que el momento que esta pasando la 2019 es el ideal, al menos a éste no creo que le sume la guarda en botella.

Y llegó el turno del tercero, el Livverá Bonarda 2018, cuerpo medio, jugosidad, elevada acidez, y repartidas las opiniones en la mesa de cata.

La idea de buscar siempre que sea bien representativo del lugar, lo llevó a inclinarse por buscar una versión fresca y jugosa para esta variedad; “Blendeó” 50% de uva despalillada y 50% de racimo entero, algo de carbónica por un lado y estructura por el otro, considera la mejor formula teniendo en cuenta nuestro contexto de clima de sol, la palabra fórmula la ubiqué yo, y se que a un hacedor como Germán seguramente no le guste nada, por ello lo aclaro.

Al momento de la degustación buena parte de los asistentes destacaron la elevada acidez, y Germán me confirma que fue el vino que buscó, un dato para tener en cuenta al momento de la elección, comercializo vinos, trato de conocer el gusto de quienes vienen a mi cueva, ya sé a quienes se lo voy a recomendar y a quien no.

Luego fue momento de Livverá Malbec 2017, y cuánto tiene que ver este vino con esos de los que tanto disfrutamos en estos últimos tiempos!

Vertical, con la impronta que le aporta Gualta, todo en equilibrio, armónico, mejor la hago mucho más fácil y digo que rico, rico!

Por suerte aún conservaba una botella de su primer vino, un malbec 2015, que descorché en otra situación reciente y la encontré en un gran momento; algo más maduro que el anterior, con una evolución lógica, me confirma que el 2017 se puede disfrutar hoy o seguir guardando, ambas decisiones pueden ser buenas.

Cuando le consulto a Germán sobre el 2017 me dice que lo componen varias fincas, con diferentes suelos y todas cosechadas el mismo día. Una foto donde evidentemente busca combinar todos los paisajes de Gualtallary en una sola captura, con seguridad me recomienda que sería como una buena puerta de entrada a la región.

Le llegó el turno a uno de los que personalmente más presente tenía y es el Livverá Cabernet Sauvignon, lo primero que me sale es invitar a todos aquellos que evitan esta cepa imaginando que es fuerte, tánica, áspera, que no dejen de entregarse ciegamente al 2018 de Livverá.

Frescura, fluidez, especias, textura y buena madurez, fue el que más gustó entre los cueveros, aclaran que lo sienten diferente a otros cabernet.

También proviene de un parral muy antiguo, más precisamente de 76 años en El Peral; zona fría pero no extrema, lo suficiente para una lenta maduración y que entregue un grano bien chico, con muy poca pulpa y gran concentración en la piel.

No me molestó que Germán me spoilee como viene la 2019, hago lo mismo con ustedes, me dijo que está mejor que la 2018.

Se transformó el naranjo de Malvasia en un clásico reconocido entre el resto de los Livverá? Esas cosas puede lograr solo un pequeño productor, al que muchas veces el consumidor lo descubre y lo empieza a reconocer a partir de un varietal poco y nada difundido por este pago, y encima vinificado de una manera muy poco habitual. Y agrego algo más, cuando llegó este al mercado eran muchas menos las etiquetas presentes con este tipo de elaboración, con lo cual el desafío era más atrevido.

Cuando me encontré esa malvasía, originalmente no había intenciones de que sea una naranjo pero sí lo prensaba y vinificaba como un blanco tradicional, aunque sabía que perdería todo aquello que precisamente deseaba conservar. Son textuales palabras de Germán.

Por ello decidió cosecharlo, despalillarlo y fermentarlo en un huevo de cemento con pieles, maloláctica, 60 días más con pieles, para ganar textura y estructura, luego prensa, 10 meses de barrica usada, levaduras y bacterias lácticas lógicamente del lugar, y a embotellar sin filtrar. Es por ello que encontramos turbidez, borras finas al agitar la botella. Es porque su hacedor consideró fundamental conservarlas en este vino.

Tenemos en nuestra mesa de cata la cuarta añada de este naranjo, si bien siempre lo probé, nunca la cantidad suficiente para seguir su evolución durante el año este nuevo me deja esa sensación de encontrarlo algo más sutil, más fino que los anteriores, los otros eran más salvajes y cargados en boca. Germán confirma mi apreciación, reconoce su búsqueda de evitar la exuberancia y ganar precisamente en elegancia, aunque también reconoce como el factor añada suele aportar lo suyo.

Quiero mostrar la variedad en su estado más puro y que no te canses de beberlo, me dice Germán, y se condice sobre todo con esta última versión que probamos.

En lo personal creo que en general a los naranjos les hace muy bien la crianza en botella. Así que no sean “chinwenwenchas” en tomarse todo y guarden alguna botellita para dentro de algunos años.

Livverá, libertad, tomar decisiones intuitivamente, buscando siempre la evolución, algo difícil sobre todo cuando no hay referencias ni puntos de comparación, aplica a esas variedades tan poco conocidas, que vamos descubriendo, y siguiendo apenas unos pasitos atrás de su hacedor.

Desde el otro lado viñas que tal vez fueron medias olvidadas, pero que mientras puedan estarán siempre esperando a un tipo como Germán, que llegará para brindarles un cariño especial y a cambio tan solo le pedirá que le entreguen un vino que pueda ser el reflejo más fiel de su terroir.

Livverá sería como el primer capitulo de mis vinos personales, me dice en el último audio de Whatsapp, y si bien no me agrega mucho más, conociendo al director, el escenario, los actores, puedo empezar a imaginar lo emocionante y atrapante que será la próxima temporada.

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