Reconocer lugares e interpretaciones es una de las cosas de las que más disfruto cuando me encuentro frente a un vino.

Vinos ricos que caen bien o aspiran a sabores ya conocidos hay muchísimos, pero en lo personal cada vez menos puedo abstraerme de la necesidad de distinguir el aporte que le pueda imprimir un lugar, una cosecha o una persona y, sobre todo, para que lo hagan único.

Voy rápidamente a un cuarteto de vinos que hace muy poquito me permitieron vivir una enriquecedora experiencia. Fueron todos chardonnay que en primicia nos mostraron Alejandro “Colo” Sejanovich y Jeff Mausbach, los mismos pertenecen a la linea “Buscado Vivo o Muerto” que en breve saldrán al mercado.

Muchos conocerán los tintos del mismo proyecto, los cuales ya van por su tercera añada, todas co-fermentaciones a base de malbec de antiguos viñedos del Valle de Uco, que por lo visto “el Colo” conocía muy bien y en su última añada 2015 los dejó plasmados en seis etiquetas.

Pero vuelvo a los blancos, porque siempre suelen ser los malbec los que me ayudan a distinguir con un poco más de claridad los lugares, y en esta oportunidad ese transporte termina siendo “la reina de las blancas”, como también se la suele reconocer a la chardonnay.

Recuerdo que no hace mucho más de cinco años evitaba los chardo de alta gama ya que no me sorprendían porque la mayoría solían perseguir un mismo estilo, tenían algo que me aburrían.

Totalmente lo contrario a lo que me pasó hace algunas semanas cuando Mayita, la sommelier que trabaja junto al “Colo”, me servía cada uno de éstos cuatro blancos, que si bien además de la cepa tenían varios puntos en común, me llevaron a recorrer un entretenido paseo.

Todos cosechas 2017 y de partidas limitadas, de entre 18 y 20 mil botellas, provenientes de diferentes zonas del Valle de Uco, todos son “cortes de campo” donde predomina el chardonnay, pero como en su mayoría son fincas que ya cargan algunos años, entre 15 y 35, no quita que pueda estar mezcladas con otras variedades como tocai, chenin, semillón y demás.

Sospecho que el “Colo” le resta importancia a esos porcentajes minoritarios, porque creo que todo su foco lo pone en resaltar los lugares, lo que menciono al principio, la interpretación del hacedor.

Interpretación que lo lleva a efectuar diferentes trabajos en la vinificación y crianza, porque al momento de cosecha hay otro punto en común y tiene que ver con evitar maduraciones avanzadas, aquellas que solían llevar fácilmente a los chardos a perfiles más maduros, golosos, a ese manojo de reconocidas frutas tropicales que distinguíamos tan fácilmente una década atrás, que no voy a negar que muchos consumidores lo disfrutaban, pero que como bien sabemos ese estilo poco colabora en diferenciar lo que pueden aportar los diversos terroir, como es en este caso dentro del Valle de Uco.

Vuelvo a los cuatro “Buscado VOM Chardonnay”, y les comentaré de qué sitio provienen y cuáles fueron las prácticas que persiguió el “Colo” para que se resalten ciertos perfiles y que yo los pudiera reconocer y disfrutar, y a pesar de mis limitaciones como catador me permitieran que desde la mesa de un restó en Palermo, durante 60 minutos de un miércoles al medio día, me pueda transportar a diversos terroir del Valle de Uco.

Es en esa región donde al extremo sur se encuentra “Las Pareditas”, zona de clima muy frío, donde a la fruta muchas veces le cuesta alcanzar una buena madurez, de clima extremo podríamos decir, la cual precisamente por su ubicación lleva como nombre “El Limite”.

Correctamente elegido para comenzar este viaje, y a pesar que el calificativo de austero le caería justo, me gustaría combinarlo con sutilezas y excelente balance entre fruta, frescura y algunas notas salinas.

Si pretendés un blanco que rápidamente te impacte con potencia o volumen claramente no es éste, pero si buscas uno de esos para disfrutar con tiempo, por botella entera, con muy pocos hielos en la frappera para que la temperatura intencionalmente vaya subiendo a la par que crecerá su expresión y seguramente a medida que el nivel del vino vaya descendiendo, así de igual manera que muchas veces nos pasa con los tintos, estoy seguro que el último sorbo será el mejor de todos.

Tanque de acero, nada de madera ni cemento, y sobre todo evitar la fermentación maloláctica, ya que cualquiera de esos últimos le encubriría el carácter afirma Jeff, y le doy la derecha.

Arrancamos bien, porque el anterior ya me llevó a sabores que me dejaron pensando, y con las ganas de terminarme la botella como les dije, pero fueron dos copas solamente hasta que Mayita nos presenta el siguiente vino y es el proveniente de “Los Arboles”, ahí bien cerquita del río Las Tunas, por tal motivo en la etiqueta se lo identifica con ese nombre.

Desde hace un tiempo cada vez que pruebo vinos de “Los Arboles” encuentro una amabilidad especial en boca, redondez que posiblemente tenga que ver con el producto de un suelo más profundo, donde predomina la arena, y el calcáreo poca presencia tiene.

El recipiente elegido para su vinificación y crianza fue el huevo de concreto, el cual colaborará al redondeo, también a ganar graso en boca sin riesgos, porque la buena acidez con la que nació este vino lo equilibra evitando que tienda hacia lo untuoso o mantecoso, esos dos últimos descriptores, recuerdo, que tanto me aburrían hace una década atrás.

Para resumir, poseedor de una fruta que facilmente la puedo relacionar a la variedad y esa amabilidad en el paso por boca que suelo distinguir en Los Árboles y creo que es bueno tenerlo en cuenta al momento de recomendar un vino, sobre todo si es a un paladar más clásico o que simpatiza con lo más tradicional.

Qué bien que venimos, fuimos para un lado, para el otro, y ahora es ansiedad por continuar probando, y sobre todo cuando me enteré que seguía en el turno Gualtallary, posiblemente el que más fácil distingamos por su carácter salvaje, atrevido, y un “Colo” que le da una acertada vuelta de rosca a mi humilde parecer.

Si había uno de los chardonnay que por su intensidad podía tolerar más la crianza en barrica y un inicio de maloláctica, sin que éstos opacaran su carácter era éste, que es identificado con el nombre de “El Cerro” y proviene de una finca relativamente joven (15 años) también de un suelo arenoso pero con mucha más calcáreo en la piedra, de una finca ubicada en Tupungato Winelands.

Claramente es el que mayor potencia tiene, el más amplio en boca, el que la llena. La fermentación en barrica de 500 litros colaboran a una madera súper bien integrada, que pareciera que haya domado al vino permitiendo igualmente en todo momento dejar translucir su origen, aquel consumidor que busca un vino con más cuerpo, intensidad, tonos de crianza, seguramente éste será el indicado.

El orden hasta aquí el perfecto, imagino que estos tres chardonnay podrían haber resultado ideales para acompañar un menú por pasos.

Sin saber su origen me pregunto ¿cómo será el cuarto?

Y cuánto me hubiera equivocado si pensaba que lo lógico hubiera sido seguir creciendo en potencia o volumen.

Me dejé llevar, pero cuando Mayita me dice que se trataría del proveniente de San Pablo, juro que me lo empecé a imaginar. Las veces que me tocaron probar exponentes de malbec bien representativos de esta región coincidieron en frescura, soltura, vinos que recorren la boca a lo largo, que cuando ingresan fluyen con facilidad, con algunos tonos aromáticos que me recuerdan a hierbas frescas y en el caso de este chardo además algunos destellos cítricos también, sensación refrescante que me encanta.

Una crianza que si bien combina barrica, huevo y apenas un poco de maloláctica nada empaña la personalidad que tiene este vino, otro que me vuelve a dejar pensando, que quisiera tomar por botella, sacarle la ficha a cada grado mientras asciende su temperatura, “La Verdad” se llama la finca, y la verdad que este paseo para seguir conociendo los diferentes lugares del Valle de Uco, pero esta vez a través del chardonnay, estuvo de maravillas.

En lo personal disfruto mucho de aquellos blancos que se pueden beber algunos grados de temperatura más arriba, “El Limite” y “La Verdad” creo que son los que mejor se adaptan a mi gusto, eso no quiere decir que haya otros consumidores que precisamente sean “El Cerro” o “Las Tunas” el tipo de chardonnay que más vayan a disfrutar.

Hace algunos años hubiéramos hablado de un chardonnay de alta gama de Valle de Uco, hoy a través de un productor podemos hablar de cuatro y realmente diferentes.

¿Hasta donde podremos llegar con este ritmo? si pensamos en la riqueza, diversidad de nuestro país e inquietud siempre en ascenso de nuestros productores.

Hoy el colectivo que me llevo de paseo le tocó ser “chardonnay”, quien lo supo conducir el “Colo”, un chofer con innegable experiencia, sobre todo cuando de reconocer lugares se trata.

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