Hace unos días en la cueva tuvimos el placer de recibir a Roberto de la Mota y nuevamente en el marco de una cata vertical.

En esta oportunidad lo que probamos fueron cinco añadas de La Primera Revancha Malbec: 2013, 2014, 2015, 2016 (actualmente a la venta) y 2017 que saldrá en pocas semanas al mercado.

Conocemos la trayectoria de Roberto y en cada oportunidad que tenemos la posibilidad de seguir una degustación guiada por él es increíble la capacidad que tiene para brindarnos toda su experiencia con generosidad, simpleza, compartiendo historias y lógicamente mucho conocimiento.

Recordemos que Revancha es el proyecto propio de Roberto junto a su hijo Rodrigo, con cuatro vinos por el momento en el porfolio, y La Primera Revancha es un malbec elaborado con fruta de Paraje Altamira.

El mismo siempre cuenta con un pequeño porcentaje de cabernet franc proveniente de la reconocida Finca Remota, también ubicada en Altamira.

Cada año el aporte del mismo puede variar entre un 5 y 7% dentro de la composición en función de las características que tenga la cosecha. Utiliza esta variedad para compensar con la estructura, taninos, o las notas más piracínicas que suele aportar la misma.

Degustar los vinos con los datos que nos brinda Roberto, ir, volver, comparar, percibir esas sutiles diferencias, registrarlas y comprobar cómo se condice todo con la marcha climática de cada año, junto a sus continuos aportes, nos suma muchísimo.

Podríamos hablar de vinos con muy buena intensidad, tanto en nariz como en boca, de taninos firmes, frutales y con ciertos tonos herbales que aportan la pizca de franc y todo aquello que tiene que ver con la crianza en madera, distinguiéndose la elegancia y redondez hacia donde siempre apuntan los vinos de Roberto.

Mientras el 2013 se mostraba particularmente aún con muy buena concentración y una linda frescura, en el 2014 se percibía una fruta algo más madura y un paso no tan sostenido como el anterior. Me animo a decir no tan armado en boca.

Mientras, a la añada 2015 le encontré también muy linda concentración a la par de muy buena fluidez, lo cual me hizo colocarlo entre mis preferidos junto al 2017 que está a punto de salir a la cancha y al que también le encuentro una gran firmeza en el paso por boca con respecto al 2016, donde a pesar del año más frío y algo lluvioso entregó en general vinos más livianos, el caso de éste a pesar de tender claramente hacia ello, se encuentra todo sumamente armónico y en equilibrio, lo cual me parece que es fundamental.

A las añadas más recientes les encuentro con más vuelo en boca, una fruta más nítida, definida; seguramente las jóvenes plantas también aportaran lo suyo a medida que con los años se van equilibrando.Algo que no les comenté es que al evento lo abrimos con el Revancha Chenín 2017, hoy transitando un gran momento ya que el vino con esos dos años ganó complejidad, peso en boca, lo que me hace recordar a la buena evolución que también suelen tener los Mendel Semillón que elabora Rober, ambos sin ser vinos de alto precio, claramente una buena guarda les agrega un plus que vale la pena esperar.

Precisamente cerramos el evento con dos primicias, pero de bodega Mendel, el otro proyecto que conduce Roberto pero en sociedad con con la familia Sielecki.

Probamos el corte de la segunda añada del Rosadía 2019, el rosé de alta gama, de partida muy limitada, el cual considero finísimo y que en este año lo componen 50% pinot noir, 25% cabernet franc y 25% merlot; faltando menos para que vea el mercado también degustamos el nuevo Mendel Cabernet Franc 2017, también de Altamira y que posee un año de crianza del 100% en barrica, pero combinando tres tercios con diferentes cantidad de usos (1°, 2° y 3°uso) una práctica que suele aplicar Roberto en busca de mayor complejidad aromática.

Esta cepa que solía utilizar para cortes, pero que la excelente expresión y equilibrio logrado en este 2017 lo motivó a vinificarlo como varietal, tiene elegancia, moderados aromas especiados y mucho hacia adelante para seguir afinándose. Otro caso de gran expresión en un 2017.Ya en la vertical de Primera Revancha también había resultado uno de mis preferidos y recuerdo de todo lo que vengo tomando últimamente de otros productores también me viene sorprendiendo; evidentemente fue un año donde la fruta alcanzó muy buena maduración, temperaturas más elevadas que en el 2016, entre la brotación y la cosecha lluvias que superaron las medias anuales, y rendimientos naturales más acotados que en el 2018, algunos de las condiciones que impactaron favorablemente en la calidad de la fruta.

Vale comentar una sugerencia de Roberto que tiene que ver con que en esta instancia es favorable darle buena aireación a los vinos ya que puede que necesiten abrirse.

Más allá de la composición varietal en sí, los lugares de donde proviene la uva y el estilo del productor, son tres variables importantes que nos hacen pensar en el tipo de vino con que nos vamos a encontrar, estoy seguro que ir incorporando las características que van imprimiendo cada añada es el siguiente paso.

Hacer catas verticales, distinguir como influyen las diferentes marchas climáticas anuales en cada vino, como benefició en mayor o menor medida a su potencial de guarda, aromas, frescura o comportamiento general en boca.

Sólo necesitamos tiempo para más experiencias como ésta, y productores que además de trabajar con mucha seriedad en la elaboración, también tengan voluntad de compartirlas con consumidores interesados en aprender como nosotros, la única forma para entender es probando, y Roberto por quinta vez nos regaló a los cueveros esta oportunidad de seguir aprendiendo, pero a través de los años.

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