¿Alguna vez guardaron algo pensándolo para disfrutar exactamente luego de 11 años? Recuerdo muy bien aquel instante, y más allá del espacio o el lugar en sí, esa sensación de ser consciente de la cantidad de tiempo que estaba faltando para que ese momento tan esperado llegara.

Algo contradictorio ya que era muy esperado y al mismo tiempo resultaba lejano y sobre todo en el medio de eso estaba la incógnita de cuánto podía pasar.

Mi hija mayor apenas tenía algo más de tres años y yo soñaba con su cara cuando llegara ese día y le contara esta historia, de la cual apenas podía imaginar sólo su comienzo y que sería algo así como que su padre, un simple aficionado a los vinos, guardaría especialmente una botella de un vino con un año de cosecha que coincidiera con el de su nacimiento.

Todo ello para descorchar el día en que ella apagara las velitas de la torta del festejo de su cumpleaños número 15.Les aseguro que eso era lo único que tenía planeado para Marzo del 2019 cuando llegara el momento, porque el resto solo podrían ser apenas sueños y ninguno demasiado claro.

Hace unos días mientras me ocupaba de buscar, en aquel sótano de la calle Díaz Vélez donde conservo algunas etiquetas pensadas para larga guarda, esa botella de Colomé Gran Reserva 2004 para acompañar el sushi que había pedido mi quinceañera, lo primero y único que me salía era agradecer.

Si bien el estado en que se encontraba el vino a esta altura ya podría ser solo una anécdota, al momento de descorcharlo y servirlo parecía no sólo que se había conservado de manera intacta sino que también aquel puñado de sueños se habían cumplido, y mucho mejor de lo que podría haber imaginado.

La emoción me está llevando a compartirles algunas sensaciones, pero de las otras, las que se perciben en el corazón, esas que a medida que nos pasan los años nos empiezan a mover mucho más todavía que las que sentimos cuando acercamos la primera nariz sobre el fino cristal de la copa.

Comencé con intensiones de hablarles de un vino y no puedo hacerlo sin que la vida atraviese todo ello para desnudar algunos sentimientos propios. En esos momentos me pregunté también sobre la vida de ese vino, de las personas que en marzo del 2004, mientras junto a Nancy visitábamos al obstetra ansiosos por el momento más esperado de nuestras vidas, un técnico a más de 1400 km de distancia y a más de 2000 msnm recorría las antiguas fincas que tenía Bodega Colomé adquiridas no hacía mucho tiempo a la familia Davalos, para probar esos granos de uva, decidir con precisión el momento ideal de cosecha, imaginar la vida que podría llegar a tener ese vino, todo seguramente con la misma intensidad e incertidumbre y cálculos que junto a mi pareja vivíamos esos mismos días cuando entre otras cosas preparábamos el bolsito del bebé y tratábamos de que ningún detalle pudiera quedar librado al azar para el momento de tener que salir bien rápido al sanatorio para nuestra “primer cosecha”.

Nunca elaboré vinos pero los productores suelen decir que cada uno de sus vinos es como un hijo y que si bien entre cada una de sus etiquetas, lógicamente suelen tener diferencias, siempre les cuesta mucho elegir solamente una a pesar de que para los consumidores los habrá con características que los diferencien y hagan de su preferencia.

En cambio para el hacedor todos fueron importantes, siempre detrás de cada uno hay una historia, un sentimiento especial vivido. A quienes son papás, les suena familiar todo esto? Ahora entienden cómo me cuesta despegar el vino de la vida? Y si a eso le sumo que el vino en todos estos años pasó a ser mi estilo de vida?

Porque a diferencia del 2004, cuando repartía mi actividad entre mi trabajo en una lavandería y un hobby que era tratar de entender sobre vinos, algo que cada día me enganchaba más.

Hoy no pasa un instante en que deje de pensar en mi actividad 100% vino, la que me tiene enamorado, mientras además me permite vivir y quienes me conocen saben que es tal cual así.

Pero quiero seguir hablando del vino, porque seguramente es lo que esperan desde que arrancaron esta lectura.

El hecho de que el vino se haya conservado tan bien y se encontrara tan rico no creo que sea por casualidad ya que hay una seguidilla de variables que conducen los destinos, algunas muy finas, que pueden parecer poco relevantes, pero que en el conjunto son las que hacen la diferencia.

Cuántas veces en la vida encontramos el resultado de algo que hicimos hace muchos años, y que quizás imaginamos que podrían ser intrascendentes, pero un día nos dimos cuenta que no?

Pucha! no lo puedo evitar, volví a no cumplir con lo prometido. Ahora sí! Cuánto habrá influenciado que este corte de 85% malbec y 15% de cabernet sauvignon y del cual se hicieron una partida muy limitada de apenas 3600 botellas provenga de antiguos parrales biodinámicos pre-filoxera que poseen entre 60 y 150 años a 2300msnm; uvas seleccionadas manualmente, fermentación lenta, 100% maloláctica y 24 meses de crianza en barrica francesa de 1er uso.

Cuantas cosas podría compartirles sobre mi hija, imposible de resumir en una ficha, su vida, sentimientos, deseos, y más sueños. ¿Cuánto tendrá Steve Galván, el técnico americano del Grupo Hess encargado en aquel entonces de las primeras vinificaciones de la bodega para contarnos? época en que aún ni siquiera estaba construida la bodega museo, y elaboraban provisoriamente en la pequeña y antigua bodega Colomé, y que precisamente fueron los buenos resultados de estas primeras vinificaciones que impulsaron a la construcción de la que conocemos actualmente. O Rande Johnson, el enólogo asesor que venía en momentos clave del año para decidir los cortes, además de colaborar en la investigación y conocimiento de lo que para ellos era una nueva región.Sabrán que ese hijo que se cosechó en Abril del 2004 hoy es un señor vino? Que con elegancia y fineza acompañó un centenar de seleccionadas piezas de sushi?

Los libros tranquilamente hubieran dicho que un potente blend salteño nunca podría haber sido el indicado, pero la frescura y fineza que adquirió ese tinto fue capaz de derrumbar cualquier teoría, la quinceañera sin saber, ni beber vino, pareció casi una experta en la elección de su menú; “vidas paralelas” que se juntan en un instante, momento único para mi familia y especialmente para mi, sólo me faltaría que los otros papás, Steve y Randle, supieran cuánto creció su hijo calchaquí y se sientan orgullosos por lo bien que los hizo quedar en un festejo especial de cumpleaños en la ciudad de Buenos Aires la noche del 26 de Marzo.

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